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William Hill

PÓQUER
Número de jugadores: 5-8 (2-14)
Número de cartas: 52 (53)
Juego: fácil
Nivel de habilidad: mucha habilidad.
Ya en el siglo XVI, los alemanes jugaban a un juego de apuestas que llamaban “pochen”. Más tarde evolucionó a su versión francesa, llamada “poque”, que fue llevada a Nueva Orleans, donde se jugaba en los barcos que navegaban por el Mississippi.
En los años 30 del siglo XIX el juego fue refinado y pasó a llamarse “poker”. Durante la guerra civil americana, se añadió la norma clave sobre cómo sacar cartas para mejorar la mano. Una variación -el Stud Poker- apareció al mismo tiempo.
Hoy en día, el póquer es un juego auténticamente internacional, disfrutado en prácticamente cada país donde se juega a las cartas. Hay cientos de versiones del póquer, y el juego se juega no sólo en las casas, sino en incontables salones de póquer y famosos casinos. Se puede jugar al póquer socialmente por peniques o cerillas, o profesionalmente por miles de dólares. La suerte es importante, pero el juego requiere de una gran habilidad también, y cada jugador es dueño de su propio destino.
Como pasa con el Backgammon o el Gin Rummy, la relación entre suerte y habilidad es difícil de medir, pero con juegos como este, un novato puede ganar a corto plazo; de todos modos, a largo plazo, el mejor jugador siempre acabará por prevalecer. Herbert O. Yardley, quien escribió el clásico The Education of a Poker Player en 1957, decía que jamás perdía más de tres partidas seguidas. De hecho, si un jugador pierde en más partidas de las que gana, no está siendo desafortunado, sencillamente es que los demás juegan mejor que él. Con la excepción del Bridge, el póquer requiere más habilidad que ningún otro juego. Alguna gente llegaría a debatir esto diría que el póquer está en el extremo de los juegos de cartas que requieren habilidad.



